La ilusión de la proyección

5 de diciembre, 2025 · 11 min de lectura

"Proyección bestial", "sillage nuclear", "durabilidad todo el día". La obsesión con el desempeño técnico ha convertido las fragancias en productos de ingeniería, no de arte olfativo. Este ensayo examina cómo la cultura de la fragancia en línea ha priorizado la potencia sobre la sutileza, la duración sobre la elegancia, y el impacto social sobre la experiencia personal.

Revisa cualquier reseña de YouTube, cualquier hilo en Reddit, cualquier comentario en Fragrantica. Una de las primeras preguntas es siempre: "¿Cómo es la proyección? ¿Cuánto dura?" Como si esas fueran las métricas primarias de calidad. Como si una fragancia hermosa pero discreta fuera objetivamente inferior a una mediocre pero potente.

El fetiche de la potencia

La proyección —la distancia a la que otros pueden oler tu fragancia— se ha convertido en valor central de las comunidades en línea. "Beast mode" es término de elogio. "Skin scent" es casi un insulto. La lógica es transparente: si pagaste dinero por una fragancia, quieres que otros la noten. Quieres presencia, impacto, que la gente pregunte "¿qué perfume llevas?"

Esto ha generado una carrera armamentística olfativa. Las marcas compiten por crear fragancias cada vez más potentes porque eso es lo que el mercado (específicamente: jóvenes compradores influenciados por YouTube) demanda. El resultado son fragancias diseñadas para maximizar proyección inicial, incluso si eso sacrifica balance, sutileza, o desarrollo interesante a lo largo del tiempo.

Dior Sauvage es el caso paradigmático: proyección explosiva gracias a sobredosis de Ambroxan y Hedione. Se puede oler desde metros de distancia. Eso es exactamente lo que cierta demografía quiere. Pero esa potencia tiene costo: la fragancia es unidimensional, sin complejidad ni evolución real. Es impacto sin sustancia.

La falacia de la duración

El otro fetiche es durabilidad. "8+ horas en la piel" es promesa de marketing. Fragancias que se desvanecen en cuatro horas son criticadas como "débiles" o "no valen el precio". Pero la duración es función química, no artística. Las moléculas pesadas (almizclés, maderas sintéticas, ciertas resinas) persisten. Las moléculas ligeras (cítricos, aromáticos frescos) se evaporan rápido.

Priorizar duración significa priorizar moléculas de baja volatilidad. Significa fragancias que convergen en bases similares: Ambroxan, Iso E Super, almizcles sintéticos. Moléculas que no solo duran, sino que tienen umbrales de percepción bajos, permitiendo proyección prolongada. Esto es química efectiva, pero produce homogeneización olfativa.

El problema no es que esas moléculas existan o se usen. El problema es que la obsesión con durabilidad empuja a las marcas a basar toda composición en ellas. Fragancias hermosas pero efímeras —cítricos chispeantes, aromáticos frescos, florales delicados— se perciben como comercialmente inviables porque "no duran lo suficiente".

Contra la elegancia de lo sutil

Históricamente, la perfumería valoraba sutileza. Una fragancia bien hecha se notaba solo en proximidad íntima. Proyectar demasiado era considerado vulgar, falta de refinamiento. Chanel No. 5, en concentración eau de parfum, tiene proyección moderada. No llena habitaciones. Y eso no es defecto; es intención.

La idea era que la fragancia fuera descubrimiento personal, no anuncio público. Algo que revelabas a otros cuando se acercaban, no que imponías desde distancia. Había elegancia en esa discreción. Había respeto por el espacio olfativo ajeno.

Esa ética murió. Hoy, la proyección moderada se interpreta como debilidad técnica. Los consumidores modernos quieren que su fragancia haga declaración. Quieren que otros la noten incluso sin proximidad. La fragancia se volvió extensión de marca personal, herramienta de performance social, no experiencia íntima.

El contexto ignorado

La obsesión con proyección ignora contexto. Una fragancia potente puede ser apropiada en contexto social (club nocturno, evento al aire libre) pero opresiva en otros (oficina, transporte público, espacio cerrado). Pero las reseñas rara vez contextualizan. "Proyección bestial" se presenta como cualidad universal, no como característica que puede ser ventaja o problema dependiendo de dónde y cuándo usas la fragancia.

Hay algo profundamente egoísta en priorizar proyección sobre todo. Es priorizar tu experiencia (ser notado) sobre la de otros (no ser agredidos olfativamente). Es asumir que todos en tu radio quieren oler tu fragancia, que tu gusto olfativo es universalmente bienvenido.

La realidad es que la mayoría de las personas no quiere oler tu perfume desde dos metros de distancia. Especialmente si tienen sensibilidades olfativas, migrañas desencadenadas por fragancias, o simplemente preferencias diferentes. La potencia como virtud es egocéntrica por diseño.

La industria como co-conspiradora

Las marcas han aprendido a jugar este juego. Saben que en YouTube y TikTok, lo que se viraliza son fragancias con "performance loco". Saben que los influencers priorizan proyección y duración en sus reseñas porque eso es lo que su audiencia quiere escuchar. Así que formulan específicamente para maximizar esas métricas.

Parfums de Marly construyó imperio vendiendo exactamente eso: fragancias con proyección nuclear, durabilidad extrema, y precios de lujo. La calidad olfativa es secundaria; lo que venden es performance. Y funciona comercialmente porque el mercado (jóvenes compradores, principalmente) valora performance sobre composición.

Armaf, Lattafa, y otras marcas árabes de bajo costo dominan ventas en línea precisamente porque ofrecen proyección y duración a precios accesibles. No importa que las composiciones sean genéricas. No importa que usen las mismas bases sintéticas que todo el mundo. Proyectan, duran, y cuestan $30. Para cierto segmento del mercado, eso es todo lo que importa.

La adaptación olfativa olvidada

Aquí hay una verdad incómoda: mucha de la "proyección" que la gente percibe es ilusoria. La nariz se adapta rápidamente a olores constantes. Después de minutos, dejas de oler conscientemente tu propia fragancia. Esto no significa que desapareció; significa que tu cerebro la filtró como información irrelevante.

Cuando alguien dice "solo lo puedo oler si acerco mi muñeca a mi nariz", eso no indica necesariamente proyección débil. Puede indicar adaptación olfativa normal. Otros pueden seguir oliéndolo claramente. Pero la experiencia subjetiva es de desaparición, así que se percibe como "mal desempeño".

Esta confusión alimenta la carrera armamentística. La gente quiere fragancias tan potentes que puedan seguir oliéndolas a sí mismas incluso después de horas. Pero eso requiere concentraciones absurdas de moléculas persistentes. El resultado es que, mientras tú apenas percibes tu fragancia por adaptación, todos los demás están siendo abrumados por ella.

El costo de la homogeneización

La obsesión con proyección y duración tiene consecuencia estructural: homogeneización. Las moléculas que maximizan esas características son limitadas. Ambroxan, Iso E Super, Javanol, Cedramber, almizcles sintéticos como Galaxolide y Helvetolide. Todas las fragancias modernas con "proyección bestial" usan alguna combinación de estas moléculas.

El resultado es convergencia olfativa. Parfums de Marly Layton, Versace Eros, Dior Sauvage, y docenas de "inspiraciones" de marcas árabes huelen sorprendentemente similares en drydown porque todas están construidas sobre las mismas bases sintéticas de alto performance. La variación está en la salida; el fondo converge.

Esto no es coincidencia. Es consecuencia de priorizar métricas técnicas sobre creatividad olfativa. Si el objetivo es maximizar duración y proyección, terminas usando las mismas herramientas que todos los demás. La diferenciación se vuelve superficial.

Redescubrir el placer íntimo

No hay nada intrínsecamente malo en fragancias potentes. Contextos apropiados existen. Pero tratarlas como estándar de calidad es error. Es confundir performance con arte, ingeniería con estética.

Una fragancia puede ser hermosa sin proyectar más allá de tu espacio personal. Puede ser fascinante sin durar doce horas. Puede ser elegante precisamente porque no grita. Hay belleza en lo efímero, en lo sutil, en lo que requiere atención para ser percibido.

Fragancias como Dior Eau Sauvage, Chanel Cristalle, o Hermès Eau d'Orange Verte no son débiles; son refinadas. Su ligereza no es defecto; es elección estética. Requieren más sofisticación para apreciarlas porque no hacen el trabajo por ti. No te golpean con potencia; te invitan a prestar atención.

Esa invitación es lo que se pierde en la obsesión con proyección. La fragancia como experiencia íntima, personal, meditativa. Como algo que llevas para ti, no para otros. Como arte, no como anuncio.

La ilusión de la proyección es creer que más fuerte es mejor. Que más duradero es superior. Que el impacto social es objetivo de la fragancia. Pero la perfumería más interesante ocurre en los márgenes: en lo sutil, lo efímero, lo que no grita. En lo que requiere proximidad, paciencia, y la valentía de usar algo que tal vez nadie más note.

Porque al final, la pregunta no debería ser "¿cuánto proyecta?". Debería ser "¿es hermoso?". Y esas dos cosas no siempre van juntas.